Zunilda: “…mi vida no tenía sentido…”

Zunilda: “…mi vida no tenía sentido…”

Me llamo Zunilda y soy portadora del virus del VIH…

Provengo de una familia muy destruida donde mi padre era alcohólico y mi mamá tenia que hacer todo lo que mi papa no cumplía como deber de padre. Así los dos nos maltrataban constantemente a mí y mis hermanos. Desde muy pequeños teníamos que trabajar, estudiar y dormir muy poco. Ya cansada de esa vida me escapé de mi casa a los 14 años.

Vivía por las calles hasta que conocí a personas de una pandilla y me llevaron con ellos. Me enseñaron a fumar, tomar bebidas alcohólicas, robar, ir a fiestas y a tener relaciones sexuales, seguí así hasta mis 18 años. Luego deje todo eso para regresar a mi casa con la mentalidad de cambiar.

Luego me embaracé pensando que un hijo podría cambiar mi vida, pero lamentablemente no fue así, sino que fue de mal en peor. Deje a mi hija a cuidado de mi mamá y seguía robando y drogándome con más intensidad y a la vez no perdiendo la esperanza de algún día cambiar mi vida.

A la edad de 20 años, ya con muchas experiencias, le conocí a R…..una persona con más edad que yo y me acepto así como yo era, y me propuso que viviera con él, pensando que este era el momento de cambiar, acepte.

Del comienzo no fue lo que yo esperaba porque él tomaba mucho al igual que yo y llegábamos a agredirnos con armas en mano. Muchas veces intenté suicidarme. Fue así que me di cuenta que mi vida no tenía sentido y empecé a buscar ayuda. Mi mamá me llevó varias veces a una iglesia porque ella era creyente, ya conocía la palabra de Dios. En aquella noche hablé con el pastor y abrí mi corazón a Dios. Fue algo muy lindo que no puedo explicar.

Mi vida fue cambiando poco a poco, de ahí a dos meses me quedé embarazada otra vez, y los médicos me mandaron hacer varios análisis, de los cuales uno era el Test de Elisa, y allí me detectaron el VIH. Cuando me contaron del virus, yo permanecí en silencio porque sabía que era la consecuencia de los malos pasos que yo había dado en mi vida.

Mi pareja no siendo portador siguió conmigo fielmente. Yo seguí mi tratamiento y le tuve a mi hijo, después de dos meses de haber nacido, mi pareja tuvo un accidente donde quedó inválido, luego en dos meses falleció, ahí fue que yo tenía que enfrentar la vida.

En medio de todo eso le conocí a una persona que me llevó a Alto Refugio donde conocí a más personas con esta enfermedad, después de un año de haber fallecido mi marido, le conocí a mi segundo marido, sabiendo de mi enfermedad él se quedó conmigo. Tuvimos dos hijos más que eran sanos, gracias a Dios.

A los pocos años de vivir juntos, tras la muerte de su madre, él se metió nuevamente en los vicios de las drogas. A pocos años, ya con el virus del VIH, él adquirió otras enfermedades oportunistas como tuberculosis, hemorroides, diarrea y trombosis. Con una defensa muy baja, y aún negándose a tomar los medicamentos, bajó de peso a sólo 41 kilos, y falleció.

Nuevamente yo tenía que enfrentar la vida sola con mis hijos. Haciendo un doble esfuerzo, aprendí a trabajar honestamente en trabajos como juntar plásticos, limpiadora y hacer manualidades. Pero esta vez con más fuerzas ya que sabía que mi Dios estaba conmigo. Mis hijos, por más pequeño que estaban, me ayudaron económicamente haciendo llaveros y vendiendo caramelos.

Gracias a Dios, mi vida cambió y pude alcanzar lo que tanto anhelaba que es la de tener una casa y a mis hijos conmigo, puedo trabajar honestamente, siendo una mujer virtuosa como lo describe la Biblia.

Ahora estoy trabajando en Alto Refugio, primero en el área de limpieza, luego pasé a trabajar en la cocina. También me dieron la oportunidad de estar ayudando en la recepción, y también doy mi testimonio al público en las charlas educativas que realiza Alto Refugio.

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