El colmo de una aventura

El colmo de una aventura

Desde que las puertas del Alto Refugio han abierto hace más de diez años, el Señor ha usado este ministerio para construir su Reino. Elegimos una frase en Ecl. 4:9 como nuestro lema (Mejores son dos que uno), y se ha reflejado nuestro propósito muy bien durante estos años.

En relación con el personal que trabaja aquí, el Señor nos ha estado moldeando y usándonos para bendecir a los trabajadores. A veces hemos tenido que ser firme y tomar decisiones difíciles, pero nuestro deseo siempre ha sido para que cada trabajador crezca en su camino de fe, no importa donde cada uno está en ese proceso. Cada trabajador aquí es un regalo de Dios que valoramos enormemente.

En cuanto al pueblo paraguayo, el Señor nos ha estado usando para proclamar un mensaje claro a no discriminar a las personas que viven con el VIH, y para valorar nuestro cuerpo con abstinencia sexual antes del matrimonio y ser fiel en el compromiso del matrimonio. Sigue siendo una alta prioridad, difundir este mensaje en una tierra donde tenemos increíbles puertas abiertas para hablar con libertad.

Como resultado de este ministerio, el Señor nos ha permitido caminar junto a miles de personas que han sido afectadas por el VIH. Queremos ayudar a llevar la carga que a veces es muy pesada; y más que eso, queremos señalarles a Aquel que puede cambiar la carga pesada por una carga liviana.

Mientras me acercaba el último día de mi trabajo en Alto Refugio, hago otra ronda a la sala de espera del hospital. Allí me encuentro con mucha gente que he llegado a conocer en los últimos años. Luego, en la esquina de atrás veo una pareja que no he visto antes. Me acerco a ellos y presentarme, y cuando les explico sobre Alto Refugio, la mujer empieza a llorar amargamente. Sentándome a su lado, escucho como ella expresa su desesperación sobre el diagnóstico del VIH que ha recibido recientemente.

Debido a que tienen una larga espera todavía para ver al doctor, ella está de acuerdo en venir conmigo a Alto Refugio .

Aquí recibe el desayuno y luego conversa con una consejera cristiana que ha vivido con el VIH desde hace muchos años. Durante su larga conversación, la consejera le pregunta si le gustaría recibir a Jesús en su corazón. Ella responde con entusiasmo: “Sí, sí, eso es exactamente lo que quiero!”

Más tarde, la consejera, muy emocionada, me habla de su experiencia de dirigir a esta mujer al Señor , y yo digo de nuevo : “Gracias Señor. Al terminar mi tiempo aquí en Alto Refugio , esta es EL COLMO DE LA AVENTURA.

David Schmidt

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